Glaciares en jaque

Glaciares en jaque: ¿Por qué La Pampa se planta ante la nueva ley?

April 08, 20264 min read

La madrugada trajo cambios, pero no de los que te dejan dormir tranquilo. Mientras en Diputados se festejaba la reforma de la Ley de Glaciares, en La Pampa el gobernador Sergio Ziliotto ya estaba preparando los papeles para ir a la Justicia. ¿Qué hay detrás de esta movida que busca frenar en seco la nueva normativa?


La Justicia como última línea de defensa

Apenas bajó el martillo en el Congreso, la gestión pampeana no perdió un segundo. Ziliotto, junto a la Universidad Nacional de La Pampa y varias ONGs ambientalistas, metió un amparo colectivo en el Juzgado Federal de Santa Rosa. ¿El objetivo? Que se declare la inconstitucionalidad y nulidad absoluta de la reforma. No es un capricho político; es un manotazo de ahogado para evitar que una ley nacional termine borrando con el codo lo que la Constitución protege con la mano: el derecho a un ambiente sano.

Fijate lo que está en juego: la provincia pide una medida cautelar para suspender la aplicación de la ley en todo el país de forma inmediata. Un ejemplo práctico de esta urgencia es el riesgo de "daños irreversibles". Si se permite que las mineras empiecen a operar con los nuevos estándares —que son mucho más laxos que los de 2010—, para cuando la Justicia dicte sentencia, capaz que el glaciar ya es historia. Es la vieja historia de "hacer primero y pedir perdón después", pero con nuestros recursos hídricos en el medio.

El agua no es negociable, ni siquiera por el oro

Uno de los puntos que más ruido hace en este conflicto es el cambio de prioridades. La Pampa, aunque no tenga glaciares en su patio trasero, depende a muerte de los ríos que nacen de ellos, como el Colorado. Ziliotto fue clarito: "A partir de esta ley, la prioridad parece ser la inversión minera antes que el consumo humano". Es un cambio de paradigma que pega fuerte en una provincia que ya sabe lo que es quedarse sin agua por manejos ajenos (sí, te estamos mirando a vos, Atuel).

Tomemos el caso del río Colorado, que hoy le da de tomar a casi la mitad de los pampeanos. Si la reforma permite actividades que alteren las nacientes en la cordillera, el impacto no se queda en la montaña; baja por el río y llega hasta la canilla de cualquier vecino en Santa Rosa. Por eso, el amparo sostiene que la ley vulnera el principio de no regresión ambiental. Básicamente, no podés dar un paso atrás en la protección de la naturaleza una vez que ya habías conquistado un derecho. Es como si mañana te dijeran que el cinturón de seguridad ahora es opcional: una locura que pone en riesgo a todos.

Un mandato popular que trasciende la grieta

Lo interesante de esta movida judicial es que no es solo un gobernador contra el Presidente. La demanda está firmada por sectores académicos y asambleas ciudadanas, lo que le da un tinte de "causa provincial". En La Pampa, la defensa de los ríos es casi una religión, y esta ley se ve como una amenaza directa a la supervivencia a largo plazo. No se trata de estar en contra del progreso, sino de preguntar a qué costo queremos ese supuesto crecimiento.

Un caso concreto es el apoyo de la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam). El rector fue tajante: acompañan porque está en juego un derecho humano básico. Mientras en Buenos Aires se habla de "competitividad" y "seguridad jurídica" para las inversiones, en el interior se habla de supervivencia hídrica. La judicialización de esta reforma promete ser una batalla larga, pero deja un mensaje claro: hay límites que el federalismo y la ecología no están dispuestos a cruzar, por más votos que se consigan en una sesión de madrugada.


Conclusión

La reforma de la Ley de Glaciares abrió una grieta que va mucho más allá de lo partidario. La Pampa se puso el traje de guardián y decidió que el futuro del agua se discuta en los tribunales antes que en las oficinas de las mineras. Al final del día, la pregunta sigue siendo la misma: ¿vamos a cuidar lo que nos mantiene vivos o vamos a rifarlo al mejor postor?

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